domingo, 11 de diciembre de 2011

Capítulo III Re-conociendo nuestra naturaleza


Capítulo III




Re-conociendo nuestra naturaleza



Tenemos la mala costumbre de sólo reconocer o ver lo bueno que habita en nosotros y lo malo ocultarlo en el inconsciente. Lo malo, no reconocido por mí, lo proyecto hacia los demás, ¡Yo estoy haciendo lo correcto, el equivocado eres tú!, ¡Yo soy bueno y tú eres malo!, ¡El manipulador eres tú no yo!, ¡Tú eres el egoísta!, ¡Tú eres el necio!, ¡Tú eres el equivocado!, ¡Tú eres el que no ve como son las cosas!, ¡Tú!, ¡Tú!, ¡Tú! ¡Tú!, ¡Nunca yo…siempre tú!

Todo y todos tenemos algo bueno y algo malo. Querer ser sólo buenos……..…..¡¡¡es imposible!!! al igual que lo es, creer que sólo tenemos cosas malas. Debemos aprender a reconocer en nosotros las dos partes. Como tenemos la tendencia de reconocer lo bueno y ocultar lo malo, el asunto es que lo ocultamos tan bien que hasta logramos engañarnos a nosotros mismos.

Negar esa parte nuestra que no nos gusta, que nos incomoda……….. pero eso no quiere decir que no exista, ¡¡¡ahí está siempre!!! Buscando diversas formas de manifestación dada nuestra negación, proyectamos nuestra parte mala hacia los demás; mandamos mensajes ocultos para que nuestros verdaderos sentimientos no se perciban; disfrazamos la envidia de consejero; la avaricia de altruismo; la pereza de enfermedad; la ira de poder; la soberbia de inteligencia; la gula de debilidad; la lujuria de pasión.

De esta forma no estamos ni aceptándonos, ni amándonos realmente, sólo estamos amando una parte y odiando la otra. Sugiero abrazar tus dos partes. ¡Ámate! ¡Acéptate! …..y entonces y sólo entonces podrás modificar lo que no te agrada de ti.

¿¿¿Conoces y aceptas tus dos partes por igual???

Todos podemos ver los malos sentimientos dentro nuestro, pero como no es agradable percibirnos con mal alguno, por ningún motivo queremos reconocer la fealdad que puede habitar dentro de nosotros, lo que  queremos, de cualquier forma, es deshacernos de “ese” sentimiento. Nuestro inconsciente lo proyecta, transfiriéndolo a los demás, en forma de error o dolor ajeno. ¡Él está mal, no yo!, ¡Ella sufre, yo no!

Pero que es lo que sucede... ¡¡¡Ahora lo hemos multiplicado!!!, ahora no sólo tengo mis males..., sino que ahora también veo los tuyos. Lejos de librarnos del error y del dolor, hemos acrecentado el malestar, pero ya no tenemos donde transferirlo. ¡¡¡Hemos equivocado el método!!! No estamos obteniendo los resultados deseados.



<Para todo aquello que queda fuera del ámbito en el que la educación y el adiestramiento han forjado lazos sólidos, constituye la llave de acceso a la licencia absoluta>
                                                        Simone Weil


En lugar de negar esos i-n-s-t-i-n-t-o-s, aprendamos a reconocerlos, a traerlos a la luz, a no mandarlos al inconsciente, a no otorgarles licencia absoluta de operar a sus anchas sin ningún control de nuestra parte. La única forma en que pueden desvanecerse es si en el momento en que somos invadidos por “esa sensación” le prestamos toda nuestra atención, analizamos las razones por las que está sucediendo. Si lo hacemos notaremos que es el “yo” quien siente peligro de situaciones imaginarias, porque el Ser nunca está en peligro; Es el yo el que a toda costa quiere existir, sobresalir, demostrar, sentirse a salvo y protegido. Cosa que logra únicamente por instantes. No alimentes al yo, entre más le das más te exige. Su característica principal es la insatisfacción y el miedo, no le des lo que pide, mejor aprende a negociar con él. Reconoce tu verdadera naturaleza y no trates de demostrar lo que ¡ya  Eres!; Nadie puede hacerte daño, ¡porque Eres invulnerable! Reconforta a tu “yo” hazlo sentirse seguro y a salvo, esa es nuestra verdadera naturaleza y no la que hemos inventado.

Lo que intento con esta información entre otras cosas, es que aceptes lo que sucede dentro de ti como un todo. Que saques del inconsciente la parte “equivocada” y que la abraces junto con la buena. ¡Que te aceptes como fuiste creado! La connotación de “malo” y “equivocado” se la has dado tú en el momento en que no respondías a las expectativas de los demás. Le hemos dado implicación de “pecado” a lo que es “instinto”. Pero gracias a que somos racionales lo podemos manejar con sólo poner atención a lo que está sucediendo y tomar unos segundos para analizarlo.

Todos sentimos un poco o un mucho (depende de cada quien) de ira, soberbia, gula, pereza, envidia, lujuria y avaricia. ¡Eso no es malo!, ¡Es un i-n-s-t-i-n-t-o!, y es humano. Reconocer que somos un poco de cada uno es mejor que negarlo. Porque sólo re-conociéndolo, es como lo podemos cambiar, corregir, minimizar, dominar o transmutar. ¿Cómo puedes cambiar algo que no ves que está ahí?


El ser humano al igual que los animales tiene instintos y éstos lo hacen actuar. A diferencia de los animales que reaccionan a su instinto sin cuestionarse, los humanos, debido a las estructuras sociales y religiosas “creemos” que los dominamos con la voluntad. El problema es que como el instinto no lo consideramos como tal, sino como un mal sentimiento (pecado), optamos por negarlo, y al hacerlo lo mandamos al inconsciente donde puede operar a su antojo y proyectarse hacia el exterior.

El problema se acabaría si reconociéramos la emoción como tal, sin juicio y la domináramos con la voluntad. Pero como no queremos ser “malos” o “pecadores” nos cuesta mucho trabajo reconocer ese sentimiento dentro de nosotros, así que complicamos las cosas arrojándolo hacia los demás. ¡Así no podemos dominar nada! La emoción se ha apoderado de nosotros y actuamos en consecuencia sin darnos cuenta de ello.

Es necesario observar la emoción y re-conocerla para poder dominarla

Para poder dominar la emoción es necesario permanecer a-t-e-n-t-o-s e inmóviles observándola, entonces la tentación de acción se desvanecerá y aparecerá la satisfacción por el logro del dominio.

Para ahondar un poco más en el tema y hablar específicamente de la parte racional y emotiva del ser humano que ocasiona que reaccionemos, ya sea consciente o inconscientemente a los malos sentimientos, es necesario reconocer que se debe a esa sensación de vacío, de la cual huimos constantemente por ignorancia, por miedo a la nada, y la cual deseamos llenar a como dé lugar, aunque sea con una emoción equivocada.

Ejemplos:

  1. Si una amiga mía le regala algo a otra amiga suya, siento el vacío, el vacío que eso despierta en mí, yo no recibí aquel regalo, me hace falta, la prefirió a ella, entonces lleno aquel vacío con ¡envidia!

  1. Si llega una persona y habla de un tema desconocido para mí, siento el vacío, el vacío que eso despierta en mí de “no saber” eso, no estoy completa de información, me hace falta más, entonces lleno ese vacío diciendo con “soberbia”: “eso no me interesa saberlo”.

  1. Si pierdo el control ante una situación, si se hace el vacío eminente, ……me enojo, y con ira lo lleno. Amedrentando a los demás vuelvo a apoderarme del control.

En estos casos, si optamos por observar la emoción ...y dejamos que la necesidad por llenar el vacío con lo que sea se agote, entonces podremos vencer la tentación de actuar con equivoco y podremos llenar aquella sensación de vacío con satisfacción y plenitud al reconocer que nada nos hace falta.


A contactar con nuestras verdaderas emociones


Es importante saber qué pasa con nuestros sentimientos en cada momento. Si yo no les doy importancia, si los ignoro y los paso desapercibidos toman formas inexplicables en mi comportamiento. Por eso hay que reconocer que la avaricia, la pereza, la envidia, la soberbia, la ira, la gula, la lujuria, la vanidad, etc., tienen cabida en mi corazón.


Ejemplo:
Voy a tomar un café con una amiga, y ella me cuenta que su esposo le compró una camioneta nueva preciosa. En eso…….. yo empiezo a sentir una inquietud……….., algo me está haciendo sentir incomoda…………………………….

Puedo:
1.    Prestarle atención a la emoción que recibir dicha información me ocasionó. La observo…… y dejo que la sensación de vacío se agote permaneciendo inmóvil.

2.    Puedo no hacerle caso a esa sensación, ignorarla y seguir la charla como si nada estuviera sucediendo.

Si opto por el no. 1 y le hago caso a mi emoción………entonces analizo:
-   ¿qué me pasa?
-      estoy sintiendo que un duendecito se me está subiendo por la pierna
-      ¿cara de qué tiene? ………
-       tiene cara de la envidia.
-      ¿De qué siento envidia?...
-      De que a mí no me regalan una camioneta
-      ¿Y tú quieres una camioneta?
-      No, porque no cabe en mi cochera.
-      ¿entonces?
-      Pues le digo a duendecillo que se baje porque ¡¡¡yo no quiero una camioneta!!!

Si opto por el no. 2  y no le hago caso a mi emoción………entonces sucede que:
Ese duendecillo de la envidia se me sube sin yo darme cuenta y con el paso del tiempo llega hasta mi oído y me da la orden de: ¡¡¡Necesitas una camioneta para ser feliz!!! Ocasionando entonces que empiece a tener el deseo y la necesidad de tener una camioneta a como dé lugar.

¿¿¿Normalmente qué haces les pones nombre a tus duendecillos
o los dejas subirse sin control a tu mente???


Al origen de los instintos

Debido a las malas experiencias que hemos tenido a veces desde muy temprana edad, donde percibimos por vez primera la individualización, es decir, que no somos todos Uno, que estamos separados y que dependemos de alguien más….., al sentirnos vulnerables, empezamos a desarrollar cada uno de nuestros instintos.

Esa vulnerabilidad que sentimos nos ha hecho fabricar soportes que nos dan seguridad como son: El querer tener para no sentir que no hace falta algo, el querer ser el mejor y que nadie nos gane en nada; el querer hacer las cosas por la vía más corta y cómoda para no desgastarnos; el querer ser autosustentables y no necesitar a nadie que pueda defraudarnos; el tener que imponernos ejerciendo nuestra fuerza de carácter para defendernos; el sentir consuelo con algo exterior a nosotros mismos; o bien, el querer gozar todo al máximo como si fuera lo único que podemos hacer para darle sentido a nuestra vida.

Ejemplos:

  1. Soberbia: De pequeño quien me sostenía en brazos se descuidó y casi me caigo……, haciéndome sentir por vez primera mi fragilidad. Eso ocasionó que despertara en mí la necesidad de sostenerme yo sólo y no depender de nada ni de nadie, buscando la forma de sólo contar conmigo y nada más.

  1. Avaricia: No fui provisto de lo que necesitaba, haciéndome sentir carencia por ello, así que decidí ser mi propio abastecedor y asegurarme que nada me faltara el resto de mi vida.


  1. Ira: Cuando traté de exponer mis necesidades, no fui acogido, no me hicieron caso……, así que empecé a imponerme y a exigirlas.

  1. Pereza: Cuando me esforzaba en algo, no fui reconocido…….., así que decidí que no tenía ningún caso esforzarse.


  1. Envidia: Cuando requerí de algo importante para mí, no fue a mí a quien se lo dieron sino a alguien más, haciéndome sentir menos importante……, así que decidí obtener las cosas por mí mismo.

  1. Gula: No fui consolado cuando lo necesité……, así que decidí consolarme a mi mismo con lo que más me gustara.


  1. Lujuria: No le he encontrado placer a la vida…….., así que lo busco desesperadamente en algo.

Los instintos  no son del todo negativos. Como todo, contienen también su parte positiva. A continuación explico algunos casos:

A reconocer nuestros instintos

La negación de los instintos hace que se apoderen de nosotros convirtiéndonos en animales irracionales, y los multiplicamos al proyectarlos en los demás.

Avaricia
Defecto: no disfrutar y no compartir
Virtud: Generosidad

La avaricia es el instinto de atesorar para ‘uno’ bienes materiales por miedo a sentir escases. Debido a este miedo acumula en exceso y deja tanto de disfrutar como de compartir lo que tiene. También se puede ser avaricioso en el afecto.

La avaricia nos ayuda a pensar en nosotros primero que en los demás. Esto no está del todo mal, porque: “para poder amar a alguien más, primero debemos de amarnos a nosotros mismos”. Partiendo de esta premisa es que seremos capaces de amar a alguien más. El asunto estriba en la parte negativa que es la de acumular y no disfrutar lo que tenemos por miedo a dejar de tenerlo. O bien, el de acumular pertenencias en exceso y no compartirlas con quien pueda estar necesitándolas.

Si el avaro supiera el verdadero valor de su tesoro,
ni lo cuidaría, ni lo adoraría.

-      Observa a un perro enterrando su hueso

Defecto: Posponer y dejar de hacer lo que se quiere
Virtud: Diligencia

La pereza es dejar de hacer lo que realmente quieres hacer por flojera, es decir te traicionas a ti mismo.

La pereza nos ayuda a hacer y a tomar las cosas con calma, a vivir lentamente en lugar de hacerlo a las carreras y con prisa. El problema surge cuando “por pereza” dejo de hacer las cosas que quiero y me interesan; o me lleva a caminar dos o tres veces el mismo camino por querer hacerlo por la vía corta (cómoda); o pensando que ahorro energía, la agoto debido a la modorra; o bien, posponer el hoy por el mañana que igual no llegará.

¡La vida de va tan aprisa que hay que vivirla muy despacio!
Jose Antonio Gabriel Chedraui


-      Obsérvala cuando un perro por pereza no se para a saludar a su dueño.

Defecto: Falta de control de uno mismo
Virtud: Paciencia


La ira es esa furia desbastadora que destruye a cuanto esté frente a ella, sin control ni dirección alguna

Necesitamos la ira para poder autoafirmarnos como individuos. La ira es la fuerza interior que nos hace movernos y mover a los demás. En ocasiones es necesario ser agresivos para defendernos de las otras personas, incluso hasta de los animales. Esa ira que no está reprimida, que sale de pronto por algún motivo, es una ira suave, controlada y sólo busca lograr algo. Pero si la reprimimos constantemente por “miedo” a lo que dirán, a las consecuencias y a las repercusiones,  entonces esa ira se irá acumulando y tarde o temprano saldrá a matar …….o golpear a alguien, o se revelará como manipulación, agresión psicológica, o  provocando pleitos a nuestro alrededor para que los demás hagan nuestro trabajo (sacar el coraje).

Por lo general, la ira reprimida sale en contra de las personas más cercanas a nosotros, que en la mayoría de los casos son nuestra familia, los seres más queridos e importantes para nosotros.


La ira espontánea es suave, la ira reprimida es devastadora.


Envidia

Defecto: Avidez e insatisfacción
Virtud: Caridad

La envidia es sufrir por los triunfos ajenos y no valorar los propios.

La envidia es un sentimiento de pérdida, como si al conseguir algo tú, a mí se me escapara de las manos. La envidia la rechazamos mucho, ya sea que la veamos en los demás o en nosotros mismos, pero como todo, tiene lado positivo y negativo. El negativo es el no querer que alguien o …nadie logre lo que desea, hacemos el intento de arrebatarle el triunfo, pero su lado positivo es maravilloso. ¡Si!, la envidia nos hace esforzarnos a ser mejores. Cuando vemos a alguien que hace las cosas de manera diferente o mejor que nosotros, ya sea en su forma de vivir, pensar, actuar, amar y de ser, entonces podemos pensar: Si él o ella pueden hacerlo, ¡Yo también puedo!, entonces sé que es humano, que se puede lograr, porque si alguien logra algo... quiere decir que el objetivo ¡es alcanzable!

La envidia ayuda a caminar el camino.


-      Obsérvala cuando hay dos perros y tú sólo acaricias a uno de ellos.

Soberbia

Defecto: Creerse superior a los demás
Virtud: Humildad

La soberbia es una necesidad de sentirse superior y en ventaja  hacia los demás. Por soberbia es que: no aceptas, ni pides ayuda; te cierras a observar más allá de ti; cambias tu ‘Ser’ por ‘saber’.


Lo bueno de la soberbia es la confianza y seguridad que tenemos en nosotros mismos. Pero la soberbia, es desde mi punto de vista también es la más difícil de reconocer, precisamente por el sentimiento de superioridad que conlleva. Por soberbia no puedo pedir ayuda, porque……. ¡¡¡ yo puedo solo!!!, por soberbia no escucho lo que quieres decirme, porque………¡¡¡Qué puedes tú decirme a mí, que yo no sepa!!!, por soberbia no puedo pedir perdón, porque………….¡¡¡yo no me equivoco!!!, Por soberbia no recibo algo, porque………… ¡¡¡eso me deja en deuda o desventaja con respecto a ti!!!
Es irónico el asunto, porque entre más me cierro………., más me limito y entre más me limito…………., más vulnerable me vuelvo.

La soberbia nos sostiene, no permite la caída.

La vanidad de algún modo forma parte de este concepto, por el elevado concepto que tenemos de nosotros mismos. Pero a diferencia de la soberbia….. que hace que no necesitemos nada fuera de nosotros, la vanidad si necesita ¡la alabanza de los demás!

¿¿¿Sabías qué el obstáculo más difícil de vencer para la iluminación
es la vanidad???


Gula
Defecto: El no límite y el no compromiso
Virtud: Templanza

La gula es la ansiedad de sentir saciedad sin ejercer ninguna clase de acuerdo con uno mismo.


La gula nos da esa apertura para poder discernir si algo nos gusta o no; a comprobar si es cierto lo que dicen los demás a cerca de algún tema o si hacen falta más ingredientes en el asunto. La gula, el deseo exagerado de comer y beber de cualquier tema, llámese conocimiento, chisme, comida, diversión, etc.. El problema radica en esa exageración a probar y probar de todo y no consolidar nada, se nos va la vida en pruebas y no le damos forma a nada.

La gula nos ayuda a expandirnos, pero sin forma. ¡Dale forma!


-      Obsérvala cuando le puedes dar todas las galletas
 que tú quieras a un perro.


Lujuria
Defecto: Ausencia de voluntad
Virtud: Castidad

La lujuria es la ausencia de voluntad de ‘Uno’ sobre nuestros actos, es decir como si el cuerpo operara por sí mismo.

Lo bueno de la lujuria es ese gusto por la vida y por pasarla bien. El error radica en la falta de control en el que podemos caer si no estamos atentos a nosotros mismos. Identificamos el sexo con la lujuria fácilmente, ¿pero la sabemos identificar en otros ámbitos? La lujuria es el E-X-C-E-S-O de alguna actividad que ocasiona placer, es el desenfreno, es el no poder controlar algo… ¡¡¡ llámese como se llame!!!

Ejemplos:

1. El exceso de deseos: Si alguien menciona algo que consiguió o está haciendo, yo empiezo a desear poseerlo también, o hacerlo aunque no estaba en mi lista de deseos y así persigo uno tras otro, sin control.

2. El desenfreno en querer controlar personas o situaciones: Tener la imperante necesidad de que los demás opinen como yo, tratando de convencer o imponer mi punto de vista en cada momento; o bien necesitar saber todo acerca de lo que está sucediendo para sentir que puedo controlarla.

3. El abuso de trabajo: Cuando solamente sé y hablo de trabajo. Mi vida gira alrededor de mis logros, de lo que he vendido o de lo que tengo.

4. La sobre  necesidad de querer “pertenecer”: Cuando me deja de importar quienes son o que hacen las personas…….y sólo  me interesa pertenecer al grupo.

5. El desenfreno, es decir  dejarse dominar ya sea por la avaricia, la ira, la pereza, la soberbia, la gula y la envidia, significa que además de presentar cualquiera de los instintos anteriores también cae uno en el de la lujuria al no poder detenerlo.

La lujuria nos permite disfrutar de los placeres. ¡Tengamos medida!

-      Obsérvala en la actitud de ambos cuando las hembras están en celo





Para que el lado positivo de estos instintos se desarrolle por ese camino, es necesario observarlos y estar atentos de ellos, no perderlos de vista, porque en caso contrario…, se convierten en negativo al operar dentro de nosotros sin control alguno.

¿¿¿Has abrazado tú parte obscura con su connotación positiva???

Por dejar a un lado de nosotros lo que no queremos ver, debido a la domesticación y a la educación, le otorgamos ‘toda licencia’ de acción.




A las cuatro virtudes principales

Las cuatro virtudes principales, base de todas las demás virtudes son: La prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Estas virtudes son indispensables para vivir en sociedad y gozar de una calidad de vida humana i-n-c-o-m-p-a-r-a-b-l-e.
Los budistas dicen que si no tenemos una virtud determinada… y queremos por voluntad propia incorporarla en nosotros, es a base de practicarla que se puede llegar a convertir en espontanea.

Una persona prudente es bien recibida en todos lados y a toda hora, debido al respeto que manifiesta respecto a las personas, sus ideas y su tiempo. Una persona prudente sabe cuando y como actuar.

A la fortaleza

Una persona con fortaleza es la que no se deja vencer ni sucumbe a las dificultades. La fortaleza... es indispensable para no sucumbir a la tentación de abandonar: un proyecto, una relación, la educación de un hijo, la solución a un problema, etcétera.
Sólo con fortaleza se llega al final de un sueño, ...porque obstáculos habrá mil. ¡Mantente firme!

A la justicia
< Justicia: Tener que comprender y pesar el sistema de valores ajeno junto con el propio en la misma balanza. Construir la balanza.>                                      Simone Weil

A la templanza

Una persona con temple es aquella que actúa serenamente, es decir que enfría los sentidos y sus emociones para afrontar las dificultades y los riesgos. ¡Sólo con atención en ellas se logra!


A otras virtudes

A la generosidad

Gracias a la generosidad... se salvan vidas en todo el mundo(donativos, envío de víveres en momentos de desgracia, etc.), se comparten conocimientos y experiencias (maestros, escritores, conferencistas, etc.) y gracias a eso podemos empezar a partir de lo que ya aprendieron y no, de donde ellos partieron.
Encontrar a una persona generosa me parece algo grandioso, porque comparten contigo todo lo que poseen. No se guarda nada que te pueda servir a ti. Comparten tanto bienes tangibles (cosas materiales),  como bienes intangibles (conocimiento y sabiduría). De no haber encontrado a personas generosas en mi camino, no podría compartir este material con ustedes ahora.

¡Desarrolla las virtudes, practicándolas. Sólo se logra con la práctica!












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